Dificultad y preparación

Dificultad

La subida al Monte Kilimanjaro puede aproximarse más a una actividad de marcha o trekking prolongado que a una ascensión alpina. No todas las rutas son iguales pero la característica común es que no se requiere conocimientos de escalada o progresión en hielo. Algún paraje por la zona del Barranco Valley (rutas Machame, Umbwe y Lemosho) puede requerir algún pequeño paso de trepada pero estos pasos son la excepción.

Barranco Wall en la ruta MachameEstas consideraciones no se aplican a la variante denominada Brecha Oeste (Western Breach) en la que la ascensión a través del Glaciar Arrow requiere conocer el correcto manejo del piolet y la técnica del cramponaje.

En el resto de vías encontraremos caminos por lo general bien marcados y que reciben suficiente mantenimiento. Los peores pasos los encontraremos en las zonas más altas de fuerte pendiente donde la presencia de grava suelta hará la ascensión lenta y trabajosa.

De acuerdo con esto las dificultades reales serán sobre todo dos, la distancia total a recorrer y sobre todo el mal de altura. En el Kilimanjaro no hay un único campo base en el que aclimatarse pausadamente; todos los días se avanza ganando altura y esto requiere preparación física y cierta condición mental para no precipitarse y saber hasta donde se puede llegar. Los caminantes más rápidos y los que acuden sin ningún tipo de entrenamiento suelen abandonar la aventura sin conseguir llegar a Uhuru Peak.

Preparación previa

La mayoría de las personas que se plantean subir el Monte Kilimanjaro son montañeros o senderistas acostumbrados de manera habitual a largas marchas por las montañas; ésta es sin duda la mejor preparación posible.

Algunas personas no habituadas deciden comenzar los meses previos al ascenso con un plan de entrenamiento que puede incluir actividades como correr, bicicleta, natación, o visitas al gimnasio.

Todas estas actividades son adecuadas sin embargo el mejor entrenamiento seguramente sea aprovechar la ocasión para visitar las montañas locales. Comenzar con salidas cortas para poco a poco ir progresando a jornadas completas en la montaña es una alternativa que proporcionará los cambios físicos necesarios: mejor aprovechamiento del oxigeno, mayor capilarización en los músculos, resistencia a la fatiga, y actitud mental adecuada.

En el caso de que no sea posible visitar las cumbres locales puede ser suficiente realizar actividades físicas de resistencia, como caminar a buen ritmo o correr a velocidades no muy elevadas durante el máximo tiempo posible varias veces por semana; también las salidas en bicicleta pueden proporcionar el fondo aeróbico adecuado. Para completar estas actividades tendremos que realizar también entrenamiento muscular específico para las piernas. La duración del plan de entrenamiento no debería ser inferior a 8 ó 12 semanas.

En cuanto al mal de altura es muy difícil poder prepararse de alguna manera a no ser que se tenga la posibilidad de visitar zonas a suficiente altura. La mejora aeróbica puede contribuir a reducir los síntomas, pero no todas las personas responden por igual a la disminución del oxigeno en el aire, por lo que no debemos considerar ésto como un seguro.

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